miércoles, 1 de mayo de 2013

Mea culpa...

      Pues si. Hablando con unos amigos, no me quedó más remedio que entonar el "mea culpa" mientras estábamos hablando sobre política. ¿Y porqué? Pues por haberme desentendido de ella durante casi toda mi vida. A ver si soy capaz de explicarme.
      Siempre he sido una persona a la que le ha repelido la política. A medida que me iba haciendo mayor y me hacía más consciente sobre lo que era la política, me iba alejando más y más de ella y de todo lo relacionado con ella. A cada año que pasaba me iba haciendo más apolítico. "Todos son unos ladrones", "Todos son iguales", "Para qué votar y si todos hacen lo mismo"... eran las frases lapidarias con las que concluía cualquier conversación política en la que me veía metido.
      Hemos tenido que llegar a una situación sin precedentes para darme cuenta del error tan grande que he cometido. No podemos (no debemos) desentendernos de la política.
      Queramos o no, estamos en una democracia (mal que les pese a algunos). Y ello implica que tiene que haber partidos políticos. Y entiendo la necesidad de la existencia de estos partidos políticos porque, aunque estaría muy bien eso de las asambleas ciudadanas y demás, siendo unos 47 millones de personas en España, no creo que fueran la forma más efectiva de gobierno.
      Llegados aquí, empezamos con el tema más espinoso. "Todos los partidos son iguales", pues como todo en esta vida. Siempre que he dicho esta frase ha sido por despecho, cuando he visto que diferentes partidos has tomado decisiones similares ante problemas similares; y por supuesto, las decisiones que han tomado no me han gustado. Nunca me he molestado en ver qué programas electorales lleva cada partido (aunque luego una vez elegidos pueden no cumplir con lo que llevaban de programa, pero eso ya es cosa de coherencia y respeto a los seguidores que no voy a entrar en este post). Apenas si miramos los mitines o entrevistas que emiten en las televisiones para hacernos una idea de lo que cada partido tiene intención de hacer. Por supuesto todo esto limita muchísimo la realidad política que nos rodea. No sólo porque los medios de comunicación generalistas suelen estar al servicio de los grandes partidos, sino porque en dichos espacio lo único que vemos son enfrentamientos infantiles de personas sin ideas que lo único que quieren es hacer el comentario más ingenioso, o el chascarrillo más divertido, para que la gente los tome por ganadores de un discurso vacío.
      En cuando uno se toma en serio la política, y hay que hacerlo pues si no lo hacemos nos pasa lo que nos está pasando, se empieza a dar cuenta de las diferencias que existen entre los diferentes partidos. Empiezas a ver que existen más de dos o tres partidos políticos, que hay una enorme variedad de partidos más o menos serios. Que, incluso algunos de ellos (no todos por desgracia), tienen las ideas claras y las difunden a quien las quiera oír.
      Por esto entoné el "mea culpa". Durante mucho tiempo no quise meterme en política. Dejé que  otros decidieran por mí qué grupo de personas iba a dirigir mi país. Dejé que gente sin información, gente que sólo se guía por las primeras impresiones que le dan los políticos en la televisión, gente que vota a "los suyos" (aunque hagan las barbaridades más grandes), gente que no se preocupa en saber qué intenciones llevan los políticos a los que siguen, decidiera qué partido político se ocupara de España. Y así nos va. Así nos ha ido.
      A partir de ahora he decido dejar de ser un apolitico. No nos podemos permitir el lujo de dejar que otros decidan por nosotros. Hay que informarse. Hay que formarse en política. Y sobre todo, hay que intentar que la gente se forme, que no se quede con las apariencias ni con las siglas y colores. Es importante. Nos jugamos mucho.